
Si la existencia pudiera retratarse…
Por Jean Duchamp
El jueves pasado encontré a René Olivares en su taller parisino de la rue Buffon, en los momentos en que se apresta a partir a Chile donde pasará el resto del verano sudamericano.
En nuestra conversación, que para Revista de Los Jaivas significó una despedida al pintor antes de que emprenda esta nueva visita a su país, René contó de su reciente exposición en la antiquísima rue Mouffetard, calle donde en sus bares se guarda todavía el auténtico sabor al París antiguo.
En el íntimo bar Verre à pied, su puerta separada por una angosta vereda de los adoquines que pueblan la calle y que por sus lomos lustrosos se ha visto pasar mucho de la historia de esta mítica ciudad, se llevó a cabo una efímera exposición de dibujos realizados en los manteles del mismo pequeño bar-restorán y que vienen todos con el tampón de la administración.
En este verdadero acto poético, René declaró solidarizar y seguir el camino de muchísimos artistas del mundo entero quienes viniendo atraídos por los incesantes ecos de aquella nostálgica bohemia parisina de comienzos del siglo XX, terminaron en el bar de la esquina.
Y yo, como buen parisino, comprendí perfectamente las palabras del pintor chileno refiriéndose a la barra mágica donde los efluvios del vino en cualquier tarde otoñal te pueden hacer comprender que el tiempo es inexistente y que solamente son reales el infinito y la mágica fiesta de la vida.
Contemplo esos dibujos y me digo a mi mismo: si la existencia pudiera retratarse, aquí tendríamos en René Olivares a un fiel exponente de esa escuela de hoy y de antaño que ha permanecido oculta profundamente tanto en el alma del ser, así como estará siempre arraigada genéticamente en el cerebro de la humanidad.



